Original: ¿Te has sentido alguna vez discriminado por ser ateo? ¿Alguna situación en la que pensaste “si no fuera ateo esto no me hubiera pasado”?
Respuesta: No, no me he “sentido” discriminado. He sido discriminado. Por ejemplo, cuando la Policía me ha pedido que abandone conciertos cristianos pagados con recursos públicos. Tres ejemplos, de otros ámbitos:
Alguna vez, en una entrevista de trabajo para un canal de televisión en Bogotá un tipo que no tenía ni idea de lo que era el laicismo me hizo como siete preguntas sobre cuál era mi religión, hasta que dejó de últimas la de si era ateo — por supuesto fue de más preferible a menos preferible y, claro, no obtuve el puesto.
En la Universidad, también, un profesor cuya calidad ética siempre brilló por su ausencia, me pidió que hiciera una presentación sobre los principios de la Ilustración y antes de que empezara, me llamó aparte y me dijo que no usara la dirección de la clase para discriminar contra mis compañeros creyentes (?). Yo, miembro de la minoría más perseguida en la historia de la humanidad en mi salón de clase, advertido de no hacerle nada a mis compañeros suscritos a la ideología perseguidora. Por supuesto, el tipo no tiene el menor sentido de la ironía.
En los grupos de WhatsApp de la familia se acordó no hablar de política ni religión, pero a veces se les escapa el reenvío de esas absurdas cadenas, muchas de las cuales tienen mensajes religiosos, que la más de las veces exhiben algún tipo de superioridad moral de los creyentes; alguna vez al reclamar, un primo me salió con que yo podía omitir ese punto, que es como si yo les enviara mensajes en las que afirmo que soy mejor moralmente por no tener amigos imaginarios y luego les dijera que hicieran como si no lo hubiera enviado, que ignoraran los mensajes que los minimizaban.
Pero no: en ningún caso he pensado “esto no me pasaría si no fuera ateo”. Yo tengo derecho a no creer en amigos imaginarios sin que eso acarree consecuencias legales, jurídicas, laborales, académicas o familiares adversas; cuando uno es discriminado, el problema es del discriminador, y se puede meter su intolerancia por dónde le quepa, pero yo jamás voy a cuestionar mis convicciones sólo porque eso me haría la vida más fácil. Eso a la vez sería ser cómplice de la discriminación.
Así que lo que he pensado es: “Esto no me pasaría si el sistema educativo no le hubiera fallado a esta criatura”, y “Esto no me pasaría si esta persona no hubiera sido adoctrinada desde pequeña sin posibilidad de cuestionar”, y “Esto no me pasaría si a este individuo le hubieran enseñado a respetar”, y “Esto no me pasaría si la gente entendiera que cuando afirman que sin el zombie judío nada se puede o estupideces de similar calibre, básicamente están excluyendo de cualquier cosa a una buena porción de la humanidad, como si fuéramos inferiores”.
Y no lo somos, y no merecemos ser tratados distinto. Por ser ateo no quiero que me traten como más que nadie, pero no voy a aceptar que me traten como si fuera menos.

