Depende de a qué te refieras con “la pornografía”. ¿A su consumo? ¿A ser protagonista? ¿A dejarle caer una tonelada de películas a alguien en la cabeza?
Claramente no es lo mismo hacerte una maratón sabatina de “In Diana Jones”, que consumir pornografía una vez al día, o a la semana, o al mes.
En general, el tropo de “pornografía causa perjuicios a la salud mental” es munición de puritanos y censores. ¿Acaso los libros, las novelas gráficas o las películas de cualquier otra temática causan problemas de salud mental? ¿No será más bien que tiene que ver con los hábitos de consumo de cada uno que con el tipo de contenido?
Porque a mí me parece risible la idea de que, de repente, si lo que la persona encuentra es de contenido sexual, ese montón de hojas de papel impreso, o un negativo de celuloide laminado adquieren un poder dañino para la salud mental que puede dejar tu cerebro hecho un picadillo que ni el Profesor X en esteroides teniendo un mal día. Vamos, es una forma de pensamiento rudimentaria no muy distinta a decir que las personas se vuelven más inteligentes si se frotan contra el Álgebra de Baldor.
Hay contenidos cuyo consumo excesivo creo que puede indicar y/o causar problemas de salud mental (como también puede que la persona sólo tenga gustos creepy y ya). Entre esos tipos de contenido incluiría los jisei no kus (poemas japoneses de despedida/suicidio), los libros que relatan atrocidades sobre las guerras, metraje de muertes y torturas. No hay nadie hablando de los “perjuicios a la salud mental” que pueden causar estos tipos de contenido, así que cada vez que te cruces con la afirmación de que la pornografía (así, en general, que para esta gente da igual una fotografía de senos que todo el disco duro de Hugh Hefner) causa perjuicios a la salud mental, has dado con un puritano, que simplemente detesta que otras personas pasen un buen rato. Yo me alejaría.

