Pregunta original: “Estoy pensando seriamente apostatar, dejar la iglesia católica, no creo en nada de lo que dice. Sin embargo tengo una preocupación respecto a hacerlo: ¿podría darme problemas apostatar en un pais como el mío? (México). Colombia no es muy diferente y agradecería lo que me pudiera comentar al respecto”
Respuesta: Creo que en general eso no ocurre demasiado. Los únicos problemas que podría traerte serían sociales o laborales — y salvo que vivas en un pueblo donde todo pasa por el cura, los problemas sociales se pueden evitar mientras mantengas discreción al respecto.
Si vives en una ciudad mediana o grande, lo de los problemas por ser abiertamente no-católico me suena un poco a matar al tigre y asustarse con la piel. En la Universidad, algunos de mis profesores me decían que yo tenía razón en mis cuestionamientos a la Iglesia, pero que era un poco temerario atacar a “la bestia” tan de frente; y antes de apostatar, algún familiar me advirtió que hacerlo podría traerme problemas laborales, y que mi nombre entraría en una especie de lista negra, y nunca me llamarían a ningún trabajo.
Pues hasta el momento ninguno de mis conocidos en los departamentos de recursos humanos me ha comentado la existencia de la temidísima lista negra.
Y a los tres meses de haber apostatado me salió un puesto en una organización muy grande a nivel nacional, muy a pesar de que mi apostasía no sólo consta en los registros de la Iglesia Católica colombiana sino que además yo hice todo lo posible, para que todo el mundo supiera que oficialmente no tengo nada que ver con la mayor mafia criminal de la Historia.
Si tu trabajo o campo laboral no dependen directa o parcialmente de la Iglesia, me parece muy difícil que tus jefes o los de Recursos Humanos sepan que has apostatado, salvo que vayas tú y se los digas (que tampoco suena a un tema apropiado para una entrevista de trabajo). Si lo publicas en tus redes sociales —y entiendo la emoción de hacerlo—, asegúrate de restringir quién tiene acceso a tus publicaciones, o sólo a esa.
Mientras no te esfuerces por hacer extremadamente pública tu renuncia a la Iglesia Católica, y gritarla a los cuatro vientos, la mayoría de personas que entrarán en contacto contigo, jamás tendrán por qué saberlo salvo que tú quieras. En general, tendrías que poder seguir con tu vida común y corriente, con la ventaja añadida de la paz mental de estar viviendo fiel a tus sentimientos y desvinculando tu nombre de una organización criminal — sé de primera mano la tranquilidad emocional que trae saber que uno ya no cuenta como alguien que tiene por guía espiritual y autoridad moral a quienes hoy en día se dedican a proteger pederastas y ocultarle los casos a las autoridades.

