Mientras que la derecha parte de la falacia del mundo justo, la izquierda parte de que el mundo es injusto. Tan sólo basta examinar unos cuantos postulados posmodernos y sus comportamientos para darse cuenta que son de derechas.
Por ejemplo: ¿Por qué odian la psicología evolucionista? Porque esta pone de manifiesto que existen diferencias entre los sexos (dimorfismo), y diferencias físicas y fisiológicas entre grupos étnicos humanos. Y eso atenta contra el dogma de que todos somos iguales en absolutamente todo.
¿Y la obsesión con la igualdad de resultados —que no de oportunidad—? Pues porque para ellos, las causas de las injusticias son los “constructos sociales”, lo que a su vez nos dice que, para ellos, en ausencia de cualquier construcción social, todos los seres humanos seríamos absolutamente iguales... que es otra forma de decir que el mundo es justo.
¿La idea de que la realidad objetiva no existe? Pues si la realidad objetiva no existe, tampoco pueden existir injusticias demostrables, porque cada quién se crea su propia “realidad”, y los niños africanos con leishmaniasis se crearon esa “realidad” y tú te creaste la tuya propia, libre de enfermedades parasíticas tropicales, con acceso a medicina e Internet. Y si no hay injusticias... el mundo es justo.
¿Y en qué nos vamos a sostener para afirmar que a las mujeres les va peor en Afganistán que en Bélgica o Australia? Pues no hay cómo, porque las culturas donde respetan los DDHH y la dignidad humana quedan rebajadas al mismo nivel de las culturas donde las mujeres son poco más que muebles. Al fin y al cabo, depende de cómo lo interprete cada quién en su “realidad”. Y por ahí mismo llega el absurdo mantra de que “No hay culturas superiores a otras” — que el mundo es justo, hombre, y da lo mismo una cultura donde le sacan los ojos a cada segundo hijo que una que considera que todos los niños tienen derecho a la integridad física. Al fin y al cabo, ¿quiénes somos nosotros para juzgar desde nuestra “realidad”?
En Twitter hay un juego que es adivinar si una cosa absolutamente racista fue dicha por un neonazi o por un SJW. Y no es de extrañar que sea el posmodernismo el que esté reviviendo Jim Crow, con lo que la extrema derecha moja cuco.
Si todo es discurso, subjetividad y creado con la palabra, y no hay realidad objetiva, le quitas a los oprimidos el único mecanismo que tienen para conseguir algo de justicia y equilibrar el terreno de juego — si el trabajador dice que es explotado, la “realidad” del patrón es que les paga mucho; y si Kate Beckinsale dice que Harvey Weinstein abusó de ella, la “realidad” de él es que fue al revés, y si el estado de Washington no tiene suficientes servicios sociales, la “realidad” de Jeff Bezos puede ser que paga mucho en impuestos.
Lo venimos diciendo hace años.

