Pregunta original: ¿Cómo refutaría la afirmación “La religión no hace daño, quienes hacen daño son los fanáticos religiosos extremistas”? ¿o es verdad?
Respuesta: Respondiendo que, obviamente, el problema no es el fundamentalismo. Puedo ser un fundamentalista de la democracia, del fútbol, de Internet, y de otro montón de ideas e ideologías que no buscan imponerse sobre los demás, que no afirman tener la verdad absoluta, y que no exigen la más estricta adherencia sin posibilidad de cuestionar o pedir evidencia. Un árbitro de fútbol o un jugador de póker pueden ser muy puristas con el reglamento, extremistas si se quiere, y nunca matarán a nadie porque eso simplemente no está en su libro. Así que el problema no es que alguien se tome demasiado a pecho una creencia, sino que hay creencias intolerantes por naturaleza.
En puridad, el fundamentalista religioso no existe. Lo que conocemos como “fundamentalista” es el verdadero creyente.
Y lo que conocemos como creyente moderado es el que que ignora los pasajes que le incomodan cuando trata de llevar una vida relativamente normal en el siglo 21, así que omite preceptos, ignora mandatos, y justifica disparates con más disparates, como decir que es cuestión de interpretación (no lo es), o que el llamado a asesinar personas según su orientación sexual era su dios dándoselas de Neruda, pero que esos llamados al asesinato no eran literales.
La cosa es que ser un creyente moderado es como jugar fútbol con las manos y decir que su versión es el verdadero fútbol, y que la Fifa y Messi no son las representaciones más fieles y exactas porque se toman “muy a pecho” los principios fundamentales de su libro de reglas.
Y no. Hay creencias que son peligrosas por naturaleza; esto no es cuestión de fundamentalismo. Vamos, que lo que hay son antivacunas, no antivacunas fundamentalistas, como si la anticiencia “moderada” no fuera dañina; y no hay creyentes en reptilianos que sean moderados, y los creyentes de que es legítimo maltratar físicamente a los niños durante la crianza no están divididos entre fundamentalistas y moderados; y tampoco existen los creyentes moderados de que las mujeres no deberían tener derecho al sufragio. La supuesta moderación no es más que la aberración de quien pretende conciliar la pereza mental de hace 10 siglos con la vida tecnológicamente avanzada de 2019.
Por cierto, los creyentes moderados promocionan como guías morales libros que ordenan matar a los idólatras, adúlteros, homosexuales, y ateos. Le enseñan a los niños que estos libros son sagrados y luego cruzan los dedos con la esperanza de que no vayan a tomar en serio esos versos. Entonces tienen la osadía de sorprenderse cuando algunos leyeron los textos y decidieron que, después de todo, esos versos sí debían tomarse literalmente, pues están en el libro sagrado que prescribe cómo deben comportarse para entrar al Cielo.
Es la religión, no el fundamentalismo.
Los 'extremistas' religiosos son los creyentes más fieles
En su columna de finales de mayo, Pala señaló que no existe el extremismo religioso, algo que es obvio para cualquiera que le dedique más de dos minutos a reflexionar sobre la historia de la religión:
La excusa de interpretar mal los libros 'sagrados'
Cuando se señala que masacres como la de París, Bruselas u Orlando se pueden vincular directamente al libro sagrado de una religión, muchos creyentes —e incluso ateos posmodernos— dicen que ese no es el verdadero sentido del texto, o que quien comete atrocidades con base en la Biblia o el Corán hace una "mala interpretación de los textos". Incluso hay u…
La religión moderada es como jugar fútbol con las manos
Hace unas semanas expliqué que los llamados 'extremistas' religiosos son los creyentes más fieles y que, a la vez, el creyente moderado ha decidido ignorar ciertos pasajes de su libro sagrado para evitarse la disonancia cognitiva de intentar conciliar este con la ética laica del siglo 21 con la que vive su día a día.





