Bye bye, Nicolás Maduro
Apuntes, comentarios y ocurrencias sobre el secuestro de Nicolás Maduro y temas relacionados.
Empezamos el año 2026 con la noticia de que el dictador venezolano Nicolás Maduro fue capturado por el proto-dictador americano Donald Trump. A continuación, algunos apuntes, comentarios y ocurrencias sobre el suceso y temas relacionados:
• Comparto la alegría y emoción del pueblo venezolano. Nunca hay que dejar pasar la oportunidad de celebrar la caída de un tirano.
• Dicho lo cual, cayó el dictador pero no la dictadura: Delcy Rodríguez continuará con el régimen de sus dos antecesores, cuyas estructuras e instituciones siguen relativamente intactas. Los presos políticos siguen presos, y el aparato represivo del Estado continúa incólume.
• De nada sirvió todo ese dinero de los contribuyentes entregado a gurús y pastores evangélicos para que lanzaran hechizos que protegieran a Maduro. Esa platica se perdió — es casi como si dios no existiera.
• Pocas veces tiene uno la oportunidad de ver que tanta felicidad y tantas celebraciones se deban directamente a la inexistencia de dioses1.
• Desde la izquierda también celebramos la caída del tirano2. (Y puede que no sea absolutamente toda la izquierda, pero sí una porción lo suficientemente representativa.) La respuesta de la derecha ha sido acusar a la totalidad de la izquierda de defender a Maduro (?) sin citar a nadie, o citando a algún izquierdista desconocido, o que simplemente no es representativo de este lado del espectro político (un coqueto ejemplo de nutpicking), o atacar a quienes han cuestionado que se viole el derecho internacional. El motivo por el que no han podido citar a nadie relevante es porque la izquierda que vende la derecha es principalmente un producto de la imaginación.
• La idea de que Maduro (o Chávez, o Rodríguez) es socialista es absurda. No es sólo que bajo el chavismo los medios de producción siguen en manos de una minoría (no muy pro-yankee, pero una minoría en todo caso, lo que es la definición de capitalismo), sino también que uno de los primeros opositores del régimen fue Leopoldo López, fundador del partido Voluntad Popular, adscrito a la Internacional Socialista. La misma Internacional Socialista que lleva años criticando la dictadura de Maduro.
• Los llamados a defender el debido proceso y respetar las normas de derecho internacional no son una defensa de Maduro. A ver, criaturitas: un dictador es alguien que hace cosas ilegales o se fabrica leyes a la medida. El dictador surge, precisamente, del desconocimiento de las normas que restringen el uso del poder y la fuerza.
En cambio, la democracia y los tratados que la refuerzan, exigen reglas claras que apliquen a todos por igual — su desventaja es que a veces ganan los tramposos. Pero eso no vuelve inútiles esas reglas: su existencia ha impedido que surjan más dictadores, y el hecho de que no los haya impedido a todos no significa que no sirvan y deban ignorarse. Que no se haya invocado la Carta de Naciones Unidas en todas las ocasiones debidas no significa que esté mal invocarla ahora.
Cuánta oligofrenia se necesita para quejarse de Maduro y, a la vez, promover condiciones que permitirían el surgimiento de más dictadores como él. Cuánto coraje da que usen el sufrimiento venezolano como excusa para despreciar el derecho internacional. Odiar a Maduro y quejarse de quienes apelan al derecho internacional es como odiar los incendios provocados pero exigir que se les den gasolina y cerillas a los pirómanos, en vista de que no hacerlo no atajó el 100% de los siniestros. Si quieren un sistema perfecto, están en el planeta equivocado — es que no tiene sentido echar por la borda un buen sistema sólo porque no es perfecto.
¿No les duele la cabeza de la disonancia cognitiva de lamentar la falta de democracia en Venezuela al tiempo que reniegan de los instrumentos jurídicos que —sin ser perfectos— la han preservado en otros países? ¿De verdad prefieren doscientos Maduros repartidos por el mundo con tal de que caiga este?
Lo pregunto porque los ataques contra quienes denunciaron que Trump está destruyendo a machetazos el orden internacional basado en reglas vienen acompañados de una especie de telepatía moral: sus autores se riegan sobre las verdaderas intenciones y emociones de los que defienden el derecho internacional. Pero yo, que no tengo ese don de leer mentes, me tengo que conformar con hacer preguntas.
• Las amenazas de Trump a Colombia y México deben tomarse en serio. Porque por mal que nos caigan, Petro y Sheinbaum fueron elegidos democráticamente, en elecciones abiertas, y legítimas. Y no es de incumbencia del gobierno americano intervenir en en estos países: para eso tienen su propio país, para pervertirlo, dañarlo, destrozarlo, y dárselo al culto a la personalidad de un narcisista maligno cuyos presuntos crímenes de pederastia harían sonrojar a un sacerdote católico. Los otros países ya decidirán por sí mismos.
• La operación quirúrgica en la que abdujeron a Maduro dejó un saldo de 80 muertos, muchos de ellos civiles. Sí, supongo que eso es lo que significa “quirúrgico” en trumpista.
• Que esta vez sea por el petróleo no hace que todas las invasiones americanas pasadas, como Irak y Afganistán, hayan sido por el petróleo3.
• En México podría ser por la plata (el mineral, del cuál México es el mayor productor del mundo). En Venezuela fue por el narcotráfico… hasta que no lo fue y empezó a ser por el petróleo.
• Igual, el petróleo de Venezuela es muy pesado y desde que las petroleras extranjeras fueron corridas del país, estas encontraron mercado en el crudo canadiense (que es similarmente pesado), llevan dos décadas invirtiendo en la infraestructura de extracción en Canadá, y no van a dejar eso tirado simplemente por la posibilidad de que Delcy Rodríguez no les va a poner trabas.
El único motivo por el que una petrolera gringa volvería a Venezuela, sería para impedir que la competencia lo extraiga, no para hacerlo por cuenta propia.
• Después de la operación en la que secuestraron a Maduro para asegurar el retorno de las petroleras a Venezuela, Darren Woods, director ejecutivo de Exxon Mobil, le dijo a Trump que Venezuela es “inviable para invertir” en las condiciones actuales. Eso fue durante una reunión transmitida en vivo desde la Casa Blanca. LOL! La respuesta de Trump fue la del típico vendedor de refrigeradores de segunda mano: “Si no le interesa, tengo a 25 otros haciendo fila”. Doble LOL!
• La única excepción es Chevron, que invirtió unos 4,000 millones de dólares en PDVSA (ouch!), y ahora están ayudando a la petrolera venezolana para tratar de recuperar su ‘inversión’. (Venezuela les paga en barriles de petróleo.)
• Venezuela también envía petróleo a Cuba. Según los acuerdos que Rodríguez o su sucesor alcancen con Estados Unidos, esto podría comprometer la energía cubana, lo cual le caería de perlas al lambón Secretario de Estado, Marco Rubio.
• Además, Venezuela paga su deuda con China en barriles de crudo; un cambio de relaciones con Washington podría dañarle el caminado a Pekín. (Que no estaría mal.)
• María Corina Machado se quedó con los crespos hechos: le dedicó su Nobel de Paz a Trump, luego le rogó que bombardeara su propio país —valiente Nobel— y después de todo, el tipo simplemente dijo que no creía que ella tuviera el reconocimiento suficiente del pueblo venezolano. Plop! Tener a Machado al mando sería una mejora significativa frente a un chavista, aunque eso es cierto de virtualmente cualquiera de las alternativas — el listón está muy bajo. Eso no hace que le vayamos a dar un pase gratis a los impulsos antidemocráticos de Machado, como su cercanía con Donald Trump4, o hacer campaña política con la religión.
• El ascenso de Delcy Rodríguez es un contundente golpe al cis-heteropatriarcado opresor: por fin aumenta la representación femenina entre los dictadores. Una flagrante omisión histórica corregida, para que las niñas que sueñan con ser dictadoras vean que sí se puede.
Y si alguien insiste en que Maduro cayó gracias a dios, que explique por qué ese dios necesitó veinte años de dictadura, hambre y represión bolivariana para lograrlo… y por qué, en vez de acabar con la tiranía, se limitó a cambiar de dictador.
Para no ir muy lejos, esta bitácora cuenta con un largo historial de críticas al chavismo y a las imposturas bolivarianas. No es que lleguemos tarde a la fiesta.
Las guerras de Irak y Afganistán usaron el 11-S como excusa para ir por Saddam Hussein, como lo proponía el think-tank neoconservador Project for the New American Century (PNAC), integrado por los entrañables amigos de George Bush Sr.
En su imprescindible —y escalofriante— libro Autocracy, Inc., Anne Applebaum relata sus reuniones con activistas de países donde la democracia está en vías de extinción o ya no existe, y cómo se han conseguido alianzas pro-democráticas entre disidentes y opositores perseguidos por cuanto tirano hay en el mundo. María Corina Machado ha hecho parte de esos círculos, así que tiene que saber lo que está en juego al apoyar sin matices ni salvedades el proyecto fascista del que Donald Trump es marioneta. Si no lo sabe, su miopía política la haría inadecuada para presidir un país; y si sí lo sabe (que es mi estimación educada), entonces queda claro que la democracia ocupa un lugar bastante modesto en su escala de prioridades.
Porque, ¿cómo demonios ve ella que Trump usa el sistema de justicia para perseguir a la oposición (o mejor dicho, a quienes investigaron sus crímenes), que se salta el equilibrio de poderes —por ejemplo, ignorando la exigencia de que el Congreso autorice operaciones militares como la que terminó en el secuestro de Maduro—, que persigue a los medios de comunicación independientes, y que deporta venezolanos exiliados de vuelta a las garras del régimen, y en lugar de que todo eso le despierte recuerdos traumáticos de la dictadura de la que escapó, su reacción sea un servilismo tan entusiasta como carente de dignidad?


